Textos sobre Arte

Sunday, January 15, 2006

05. De la Rutina

Si uno lleva una vida rutinaria, su arte será el reflejo de esa rutina, o mejor, cual reflejo: siempre especular e igual al original pero en 2D, creyendo en la profundidad vana de la perspectiva, nunca original. Y por rutinario me refiero, claro, no tan solo a su manifestación exterior (mismos horarios, mismo trabajo, misma infusión al desayuno, mismo consumo artístico, mismo lugar de encuentro, mismo día de esparcimiento, mismo ejercicio de intervalos para estudiar un instrumento, mismo hábito alimenticio, mismo color de ropas, etc.) sino también al pensamiento e ideales. No creo que uno deba pensar mañana de la misma manera en la que piensa ahora. El desarrollo del pensamiento puede llevar a un cambio absoluto de punto de vista u opinión. Sin esta cualidad (que parte principalmente de la capacidad de análisis propio, de reírse de uno mismo una y otra vez, de nunca tomarse demasiado en serio) no podría pensarse que quizás en vez del sol alrededor de la tierra era al revés. Espero, por ello, contradecirme (y mucho) a lo largo de estas notas.
Las ideas debieran ser siempre contradictorias, como para obtener el equilibrio que se encuentra al realizar o sentir arte. Y así también debería manifestarse el gusto, desconfío de quien gusta de los mismos placeres una y otra vez. Suelo, sin embargo, profundizar en distintas fijaciones que se mudan como las estaciones, meses de café, meses de Simpsons, meses de Zappa, meses de lectura filosófica, meses de rascarme el mismo punto, etc. Luego, de un día para otro, ya no pica más y ni nos dimos cuenta porque estábamos mirando un pedacito de sombra en la pared, una y otra vez.
Rutina = antisorpresa (pues la combate con la fácil inclinación a la costumbre que posee el ser humano viviendo en sociedad civilizada). El arte, entonces, debe sorprender pero no con ideas y sensaciones nuevas (que sería mucho pedir, claro); sino sorprender con revisiones de los rincones que teníamos ocultos o abrigados; el gusto es retrospectivo y con esto nuevo. Dalí dice que la moda es lo que ya pasó de moda. Quizá esto sea extensivo a todo el arte, es lo que hace ver que viviste y que seguís haciéndolo y lo celebra. También podríamos recordar aquí el río de Heráclito, cambia cada vez que nos mojamos nuevamente.
Vuelvo, Rutina: consumir medios masivos de comunicación es una total pérdida de tiempo y el mayor generador de mediocridad (y la concensúa, puaj). Si todos tenemos en la cabeza los chismes semanales no habrá mayores sobresaltos ni sombritas en las paredes, estarás esperando que te las muestren por TV (y a 29,7 frames por segundo nada se ve muy bien).
Un poco de pensamiento demagógico (no por subestimarte, oh, lector, sino por las dudas, la obviedad no existe (papá dixit repetidamente), y a veces exponerse es tan gratuito como no hacerlo): No creo como artista en las inclinaciones éticas ni mucho menos políticas; de este modo no podría creer en discursos de artistas. El “imperdonable amaneramiento de estilo” del que habla Wilde en su prólogo de “El retrato de Dorian Gray” es una de las misivas más acertadas que pueden decirse al respecto (releer atentamente o no). Por ejemplo siempre me resultó graciosa la música de “protesta”, desde su etimología pro-testa, hasta su habitual pronunciación “pereotessta” como si al nombrarla estuvieses haciendo algo grande para la humanidad (esta pronunciación afectada es extensible a todos los amantes del género, no solo a “Pedro y Pablo”, sino escuchen cómo pronuncia Dylan). Si querés hacer política, hacer canciones al respecto no es el mejor camino. Casi siempre este “estilo” suena a publicidad y la publicidad no debe ser ética tampoco, uno puede vender cualquier mierda, literalmente. Nunca crean en lo que escribe un artista, sobre todo porque suelen hacerlo de una manera seductora. Ah, yo soy artista (aunque no muy sagaz, lo admito).

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